Loading...

Ya están aquí. Cigüeña blanca. Alfaro (La Rioja)

Inicio / ¿Qué se ve ahora? / Ya están aquí. Cigüeña blanca. Alfaro (La Rioja)

Cigüeña blanca
(Ciconia ciconia)
Pocas aves resultan tan familiares como la cigüeña blanca y pocas están tan arraigadas en las tradiciones como esta enorme zancuda que un día abandonó sus hábitos montaraces para asociarse al hombre en busca de sustento y protección. Esta especie hubo de soportar durante el pasado siglo una serie de drásticos cambios en los paisajes y los usos rurales que la llevaron a desaparecer en muchas regiones y de los que hoy día —gracias, en parte, a un cambio de hábitos—, se recupera asombrosamente.

Hábitat
La cigüeña blanca es un ave muy ligada al hombre y a sus actividades productivas, razón por la que ocupa, preferentemente, hábitats abiertos y relativamente transformados, como dehesas, regadíos, pastizales ricos en ganado, cultivos de secano, así como zonas húmedas y herbazales naturales, en los que busca su alimento. Evita, sin embargo, las áreas predominantemente forestales y las muy montañosas. En los últimos años,
se ha incrementado el número de individuos que dependen en gran medida de los basureros, cerca de los que suelen instalarse nutridas congregaciones de parejas reproductoras.
Alimentación
Es una especie relativamente oportunista, con una alimentación basada en grandes artrópodos —principalmente, saltamontes y escarabajos—, aunque en su dieta se incluyen también, con desigual proporción según las regiones, una gran variedad de invertebrados (en particular, lombrices de tierra) y vertebrados, como roedores, culebras, lagartijas, ranas, peces y hasta pollos de otras aves, además de una cierta cantidad de basura.
Desplazamientos
La cigüeña blanca es un típico migrador transahariano que, hasta hace relativamente poco tiempo, solo aparecía en territorio ibérico durante la época de reproducción. En los últimos años, sin embargo, contamos con un creciente número de aves nativas invernantes, a las que se unen bastantes ejemplares centroeuropeos. Además, la Península representa también un área de paso obligado para las cigüeñas originarias de Centroeuropa, Dinamarca, Alemania y Países Bajos, que viajan principalmente por las provincias mediterráneas hasta el área de Gibraltar para cruzar el Estrecho entre finales de agosto y septiembre, más tarde que las aves ibéricas . Estas se dirigen hacia el brazo de mar que nos separa de África por el centro de la Península, en dirección sur desde las áreas de cría, y saltan al continente vecino en la primera quincena de agosto (generalmente las aves jóvenes antes que los adultos). El flujo continúa por la costa africana hasta el África subsahariana, aunque es posible que algunos individuos prosigan su viaje hacia el este, hasta alcanzar el valle del Nilo y la fosa del Rift, para encaminarse hacia Sudáfrica, donde se mezclarían con las “cigüeñas orientales”, es decir, las nacidas en Polonia, Rusia, Rumanía o las repúblicas Bálticas.
Reproducción
Se trata de una especie frecuentemente colonial, que suele 4 reunirse en grandes congregaciones para criar, a veces —cuando nidifica en árboles—, en compañía de garzas, garcillas y otras zancudas. El nido se sitúa con frecuencia —más del 50% de los conocidos en España así lo hacen— en todo tipo de construcciones humanas (desde iglesias  y casonas hasta silos, depósitos de agua, chimeneas, torretas de electricidad y antenas, amén de transformadores eléctricos, casas de campo, ruinas y edificios monumentales), aunque un buen porcentaje se sitúa en árboles y, en menor medida, en rocas. La plataforma del nido es una enorme pila de ramas, palos y raíces, que suele contener, además, tierra, estiércol, turba, hierbas, plásticos, papel y otros materiales diversos, de unos 40-100 centímetros de altura y 80-140 centímetros de diámetro (aunque pueden superar los 2,5 metros de altura y los 2 metros de diámetro, y pesar unas 2 toneladas). Lo construyen ambos sexos, aunque con mayor aporte de material a cuenta del macho, y lo reutilizan durante un buen número de años. Al abrigo de tan inmensa construcción suelen nidificar también gorriones comunes o morunos, grajillas, estorninos y otras aves. La puesta —que suele acontecer entre marzo y abril— consta, por término medio, de tres o cuatro huevos (a veces, más) de color blanco, en ocasiones amarillento, que se tornan moteados a lo largo de la incubación. Esta se prolonga durante 29-34 días y de ella se ocupan ambos sexos, si bien es la hembra la que dedica mayor tiempo a la tarea, mientras su pareja —a la que está unida de por vida— le proporciona alimento. Los pollos, que reciben los solícitos cuidados de ambos adultos, se desarrollan completamente en 54-68 días y son independientes al cabo de unos tres meses.

Comentarios(0)

Dejar un comentario

Pin It on Pinterest

Share This